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Historia
Un CEO en apuros

Un CEO en apuros

Autor: EugeMD
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Capítulo 1 Se hunde el barco

Palabras:1539    |    Actualizado en: 04/04/2025

aq

prestaba atención a la luz q

de fondo, algo insignificante comparado con

, un desfile de números y excusas, pero había algo en

a a la oficina de Latinoaméric

uestas internas mostraban una baja satisfacción general del personal. Un desajuste tr

ensé, con una punz

, mi mejor amigo, el tipo que estaba supuestamente

ada, despreocupada... como siempre. En la tercera llamada, por fin

allá? -respondió, como si yo no estuviera a

eros de la oficina en Latinoamérica, y son un desastre. Ventas por los suelos, qu

a apagándose un poco mientras busc

ingiendo sorpresa. -A mí me dijeron que todo

de detalles, Felipe. Esto es un agujero en el barco,

que estaba en problemas, pero su estrate

verlo? -me dijo, con ese tono de quien sabe que está empujando justo en el lugar correcto. -Venga, pasas un par d

torio, sintiendo que una migraña empezaba a formarse en mis sienes. Felipe, siempre tan d

a que esa excusa no convencía ni a mí mismo. Qu

res el jefe. Si alguien puede venir y soluc

eglar este desastre como yo. Era evidente que la incompe

ré, sabiendo que y

n el aire, Victoria entró con esa seguridad tan característica de ella, que antes

cualquier hombre... pero no a mí, no hoy. -Llevas horas aquí encerr

caminaba hacia mí con pasos lentos. Su vestido, ajustado

malestar. Ya no tenía paci

-dije, cortante, sin levan

ntí el calor de su cuerpo casi pegado al mío. -¿Por qué no

icho, no quiso entenderlo. Se acercó más, has

da, mirando las calles de Madrid desde mi oficina en la planta alta. El sol ya se estaba pon

, sin voltear.

una octava, ese tono sensual que s

e con eso -susurró, desliza

nte a los ojos. Mi expresión era fría,

-espeté, bajando la mirada hacia ella. -No tengo tiempo

pero lo reemplazó con una expresión fría, casi cr

rte del problema? -dij

ito son más problemas, -me giré hacia ella, tra

lvió agudo, su expresión

portante -dije con una firmeza que

una cachetada. Sus labios se fr

mi decisión. Puso una mano sobre mi pecho, intentando atraerme hacia ella.

é. Sus ojos se encendie

, tomando mi chaqueta de

n la misma rapidez que había decidido marcharme. Sentí

me iba a La

me quedé unos segundos quieto

ta en el respaldo del sillón. El apartamento era espacioso,

mpre. Un reflejo de mi vida. O al menos, del

sta para comenzar una nueva aventura. Abrí el armario con un tirón y saqué

ar que los pensamientos comenza

rdo, rea

ituación, habría mandado a un equipo de c

no

sino por esta vida que me estaba asfixiando. Victoria había sido la

nseguir lo que quería, pero ahora solo veía en ella un eco de mis propios pr

, me pregunté mientras doblaba una c

a volviendo insoportable. El trabajo, la presi

e las cosas se fueran de las manos. Pero, ¿por qué cada vez que l

ina de Latinoamérica. Era yo. Esta

ir y los coloqué con cuidado en el fondo

n. Cómo puede tomarse

a cómo no había visto lo que estaba ocurriendo. Me enviaba a mí, sabiendo perfectamen

jos de aquí", pensé

a mil por hora. No era la primera vez que tenía que salir corriend

a que resolver e

rol de esta situación; del trabajo, de mi v

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