aq
e con los papeles aún en la
me había pedido Camila, o por cómo todos e
s. Apenas crucé la puerta, la cerré de golpe, y
n su silla, con los pies cruzados sobre el escritorio y una sonrisa ligera en los labi
, lanzando los papeles sobre su escritorio. -¡S
amente y me miró con esa calma que siempre parecía sacarme de quici
mientras se recostaba en la silla, cruzando la
me tenía al borde, y después de un largo día en el que había tenido que aguantar a los empleados mirá
ingún sentido! -Mi voz retumbó en la oficina, pero él simplemente seguía ahí, sin moverse, casi disfrutando de la
enfurecerme más. Luego se inclinó hacia adelante, apoyand
arecer aquí como el CEO inalcanzable y esperar que todos te sigan como si fueras Moisés dividiendo el mar. -Hizo un gesto con sus manos para enfatizar su punto.
itada, sintiendo cómo la ira luchaba por no estallar d
abía sido el tipo de hombre que disfrutara que lo pusieran
n lado a otro de la oficina, tratan
ía levantado desde cero. Pero Felipe tenía una manera
as copias voy a entender mejor a los empleados?
es que estés ahí, con ellos, viendo cómo viven el día a día. Mira a Camila, por ejemplo. -Levantó u
de ella, sentada en su escritorio, con esa sonrisa descarada
sacar de mi mente la chispa que había sent
volviendo a sentarme, aunque sabí
giendo estar convencido, pero yo podía ver en sus o
o sin perder la frustración que ha
de control... -empecé a decir, pero él me
a en mí. Sé que no es fácil, pero cuando termines este experimento, vas
o, dejando que sus palabras se asentaran. Todavía sentía la te
s en esto que yo no estaba viendo. O tal vez Fe
ra difícil
y me incliné h
. Pero si veo que esto no sirve pa
recostarse en su silla, cruzando los
relájate. Y anda a conocer a tus emp
vez no era diferente. Pero, por más que me molestara admitirlo
e terminó el día
amente, sino
ante miradas y risitas que en cualquier otra situación habrían desapareci
ser alguien que no era, mientras todo en mi interior me gritaba q
sto de pasante" cuando apareció Felipe, con su típica sonr
torio y me dio una p
o. -Hace rato que no salimos a tomar
a y olvidarme de este día infernal, pero Felipe ya me conocía demasiado bien. Sab
inclinándose un poco hacia mí, como
ue sabía que en parte tenía razón. Qu
na, y mientras caminábamos, una sensa
a en que me hizo hacer esas malditas copias como si no fuera más que un asistente... y lo peor es que no podía quit
rcábamos a la
las llaves en la mano. Apenas me vio, ni siquiera saludó: fue directo a
do cómo su auto se alejaba a toda veloc
punzada de frustración y algo
omento ni el lugar para esto. Necesitaba mantenerme enfocado en lo qu
lipe, alzando una ceja, n
dí rápidamente, sin qu
a unas pocas calles de la oficina. No era mi l
en una mesa al fondo, riendo y charlando, como si el día no hubiera sido má
ganas de socializar, de sentarme con ellos como si fué
suponía que debía dirigir esta em
jo Felipe, dándome un empujón am
ientras echaba una mirada hacia la mesa don
la cabeza como si yo fuera un niño que
enta? Tienes que conocerlos, dejar que te conozcan. No puedes a
uzando los brazos mientras miraba hacia el ot
o que te metas un poco en sus vidas. Veas cómo fun
iendo con él me agotaba más de lo que ya estaba. Así que suspiré y ced
mucho tiempo -le advertí, antes de q