mi
l bolso, lista para salir de la
Joaquín, que seguía rondando por mi cabeza más de lo que
después del desastre del desayuno,
una presencia incómoda detrás de mí; Ramir
sa que siempre me daba escalofríos. El tipo no conocía los lí
aba cuando quería algo, -vamos a tomarnos unos tragos con los m
idea de compartir una mesa con Ramiro, de tener que aguantarlo co
hacer -respondí, intentando sonar simpática
anta distancia entre él
de pies a cabeza, como si no fuera más que otro de sus "proyectos pendientes". Cuando v
de lo necesario, y antes de que pudiera
e los buenos. Me tensé, deseando apartarme, pero él a
asarías bien... -susurró, su al
si mi piel se hubiera puesto rígida de puro rechazo. No pod
na en medio de la oficina. Con todos los empleados todavía ahí, prefería
, y con un movimiento brusco
con un tono mucho má
uerta, sintiendo cómo el aire pesado de la oficina se me pegaba
ión de segundos, mi corazón todaví
ahí, agarrando el volante con fuerza. Qué asco. No quería pensar e
pena que te estreses más.
menos de quince minutos, sintiendo que cada metro qu
, viendo la tele, y Nathan estaba tirado en el suelo con un libro de ciencias en las manos. Sus
sonrisa mientras caminaba hacia la
ucho entusiasmo, sin apart
a cenar? -pr
era salvar el día. Encontré algunos ingredientes que, con
ndo todo, y sentí una punzada de culpa. Ellos merecían algo mejor, y aunque
entras sacaba algunos ingredientes.
bía despegado la vista de la tele, son
o -dijo con u
cocina con más energía de la que esperab
la cocina, me di cuenta de que, por primera vez en
a en la oficina, pero aquí, en la casa,
n caras de felicidad cuando vieron los platos. Sentí una calidez en el pec
té mientras comenzábamos a comer,
blar. Nunca podía guarda
con una sonrisa traviesa que ya me hací
i sobrina, quien jugaba con el suyo de forma distraí
e nombre me sonaba demasiado. No era el primer chico que le mandaba algo, y po
é, alzando una ceja.
eza, esa sonrisa t
normal del mundo. -Me la dejó en la mochi
ndo de no reac
tiempo se le escapaba entre los dedos y cr
ían los chicos, pero eso no hací
nada raro, ¿eh? -respondí, intentando sonar relajada, aunque por
os, sonriendo como si y
upes, tía. T
a oportunidad para cambiar de tema, como siempre lo hacía
brillando de emoción. A Nathan le encantaba contarme sus logros, sobre t
? -pregunté, dándol
adelante, como si estuviera a punto de con
eron para la próxima competencia. Voy a representar al colegio -dijo con
cía mucho no le veía. Era increíble cómo había crecid
respondí, sinceramente emocion
r afectado, pero yo lo conocía. Sabía que mis p
s veía a los dos, Amy y Nathan, y no podía e
u madre, les había dejado un vacío inmens
esos momentos, parecía que todo estaba bien, como si
seguía ahí, en cada rincón de nuestra vida, en c
do como una madre para mí también. Ambas habíamos crecido ju
ía ido, dejándome a cargo de sus hijos, y aunque no me arrepentía ni un segun
a prepararse para dormir. Ellos se fueron a sus habitaciones, todavía conversa
de vino, sirvié
uido, pero hoy
é. Lo sabía. Pero algunos días,
co. Miré hacia afuera, viendo las luces de las casas vecinas enc
que todos a mi alrededor avanzaban mientr
habían seguido adelante a pesar de todo, y m
r, por ellos, y