mi
da por el sonido del despertador
, como si no hubiera dormido en absoluto. Miré el reloj en la m
a de la cama, casi tropezando con
la escuela, y yo, por supues
s me ponía una camiseta cualqu
nada, excepto para co
Lo encontré aún en la cama, enredado e
las hojas manchadas de tinta y dibujos torpes que habíamos terminado juntos has
o suave, aunque mi urgencia se hací
los ojos del todo, y se dio la vuel
ura. Se había quedado hasta tarde anoche trabajando e
perdido algo de confianza. Y yo, su tía de repente convertida en
a la basura. Vamos, hoy entregas ese proyecto, ¿rec
os y asintió, aunque sin muchas ganas. A
la sala, esperando encontrar a Amy li
n una expresión concentrada. Un olor quemado ya flotaba en el aire, mezc
ando los pies, y sin dudarlo lanzó el
-dijo con una risita, tapán
n poco. Amy lo miró de reojo, entre ofendida y frustrada, y
dejándose caer en una silla, dejando la sartén en e
rtían el corazón, sobre todo porque sabía que estaba intentando hacer más de lo qu
rápido de la muñeca. -Hoy no hay tiempo para cocinar. Desayunamos algo en el auto, ¿te pare
ceptó las barritas sin decir nada. Sus ojos me recordaban tanto a
di un suave apretón en el
je, tratando de sonar convincente aunque p
tenerme fuerte, aunque la carga a veces
la silla y caminando hacia su habitación, to
-grité detrás de ella, ya con
la mesa, con su mochila aún abierta y los papeles sobresaliendo de el
vale? Zapatos. Y
algo más despierto ahora, y
orde del fregadero, dejando que la frialdad del mármol me diera un
de carreras, de tratar d
ellos, de Nathan y Amy. Y aunque daría lo que fuera por mantenerlos a salvo y hacer qu
enderezarme. No había tiemp
ya! -grité mientras reco
bamos en el auto, casi tropezándonos los
. Amy y Nathan se lanzaron las mochilas al hombro, todavía masticando las
ndo sonar animada, aunque por dentro aún
athan con una sonrisa travies
siempre más seria, bajando del auto
l colegio mientras yo me apresura
que otro día más llegaría tarde a la oficina. Apreté las manos sobre el
Mi mente seguía corriendo a mil por hora: los pendientes que ten
ubiera un segundo para mí misma. Apenas podía recordar la
icina, estacioné como pude y
mbro y agarrando los papeles que te
oficina y entré casi a toda velo
nas levanté la vista y seguí c
eco, y todo lo que llevaba en las manos; los papeles del informe, la carpeta con do
dome para levantar todo, sintiendo mis mejillas ar
e observaba desde su altura, y por alguna razón, su silencio me molestó más
oco mientras juntaba los
unos ojos verdes oscuros que me miraban con
perando algún tipo de respuesta, pero él seguía allí, i
r todo a su alrededor. Su expresión era fría, como si el pequeño
as terminaba de recoger los últimos papeles. -El señor fuerte y silencioso, ¿eh? Bue
que hizo fue inclinar la cabeza ligeramente, casi como
nita. ¿Eso era tod
girara en torno a él. "Qué tipo más raro." No pude evitar sentir u
lo era otro ejecutivo arrogante que se creía mejor que todos
ochila y empujando la puerta hacia el interior de
pensar en la cara de ese tipo y en cómo había sido
imb