aq
prestaba atención a la luz q
de fondo, algo insignificante comparado con
, un desfile de números y excusas, pero había algo en
a a la oficina de Latinoaméric
uestas internas mostraban una baja satisfacción general del personal. Un desajuste tr
ensé, con una punz
, mi mejor amigo, el tipo que estaba supuestamente
ada, despreocupada... como siempre. En la tercera llamada, por fin
allá? -respondió, como si yo no estuviera a
eros de la oficina en Latinoamérica, y son un desastre. Ventas por los suelos, qu
a apagándose un poco mientras busc
ingiendo sorpresa. -A mí me dijeron que todo
de detalles, Felipe. Esto es un agujero en el barco,
que estaba en problemas, pero su estrate
verlo? -me dijo, con ese tono de quien sabe que está empujando justo en el lugar correcto. -Venga, pasas un par d
torio, sintiendo que una migraña empezaba a formarse en mis sienes. Felipe, siempre tan d
a que esa excusa no convencía ni a mí mismo. Qu
res el jefe. Si alguien puede venir y soluc
eglar este desastre como yo. Era evidente que la incompe
ré, sabiendo que y
n el aire, Victoria entró con esa seguridad tan característica de ella, que antes
cualquier hombre... pero no a mí, no hoy. -Llevas horas aquí encerr
caminaba hacia mí con pasos lentos. Su vestido, ajustado
malestar. Ya no tenía paci
-dije, cortante, sin levan
ntí el calor de su cuerpo casi pegado al mío. -¿Por qué no
icho, no quiso entenderlo. Se acercó más, has
da, mirando las calles de Madrid desde mi oficina en la planta alta. El sol ya se estaba pon
, sin voltear.
una octava, ese tono sensual que s
e con eso -susurró, desliza
nte a los ojos. Mi expresión era fría,
-espeté, bajando la mirada hacia ella. -No tengo tiempo
pero lo reemplazó con una expresión fría, casi cr
rte del problema? -dij
ito son más problemas, -me giré hacia ella, tra
lvió agudo, su expresión
portante -dije con una firmeza que
una cachetada. Sus labios se fr
mi decisión. Puso una mano sobre mi pecho, intentando atraerme hacia ella.
é. Sus ojos se encendie
, tomando mi chaqueta de
n la misma rapidez que había decidido marcharme. Sentí
me iba a La
me quedé unos segundos quieto
ta en el respaldo del sillón. El apartamento era espacioso,
mpre. Un reflejo de mi vida. O al menos, del
sta para comenzar una nueva aventura. Abrí el armario con un tirón y saqué
ar que los pensamientos comenza
rdo, rea
ituación, habría mandado a un equipo de c
no
sino por esta vida que me estaba asfixiando. Victoria había sido la
nseguir lo que quería, pero ahora solo veía en ella un eco de mis propios pr
, me pregunté mientras doblaba una c
a volviendo insoportable. El trabajo, la presi
e las cosas se fueran de las manos. Pero, ¿por qué cada vez que l
ina de Latinoamérica. Era yo. Esta
ir y los coloqué con cuidado en el fondo
n. Cómo puede tomarse
a cómo no había visto lo que estaba ocurriendo. Me enviaba a mí, sabiendo perfectamen
jos de aquí", pensé
a mil por hora. No era la primera vez que tenía que salir corriend
a que resolver e
rol de esta situación; del trabajo, de mi v