ítu
erru
a que, en otro momento, habría sido reconfortante. Pero en ese ins
a a enfrentar la peor noticia de su vida. Respiró hondo y deslizó el dedo por
ta digital de sociedad
la heredera Olivia Decker anuncian
os los sonidos a su alrededor. Sus ojos se deslizaron por las palabras con incredul
o era. Ha
había sido solo para ella. Pero ahora pertenecía a Olivia Decker, la mujer que se aferraba a su brazo
ueños fragmentos de videos donde Leandro, su novio, se puso de rodillas ante otra mujer,
urmuró Samantha, su
era. E
amigas, de conocidos, de personas que se morían por saber cómo se sentía
r no era el
última línea
las autoridades en un caso de fraude empresarial, ha
resbaló de
o.
esa de la cocina. Un escalofrío helado recorrió su
mente qué caso
pad
tido. Un fraude que jamás habría sido capaz de ejecutar. Y
ue le había prome
las permitió caer. No ahora. No cuando
, una mezcla de desesperación y r
o. Samantha se sentó en el suelo de su apartamento, rodeada de cajas de pi
lejano de bocinas y voces le recordaban que e
no de casa la sacó d
jor amiga
no me contesta
uería hablar. No quería escuc
en un hilo de voz-. No
icia! Dios, Sam, lo siento t
escapar una
ya cambiado como si yo no significara nada o q
í -gruñó Valeria-. Hay que hace
dinero del mundo, y Olivia... bueno, su apelli
nso se instaló
guien -dijo Vale
uié
m De
omo un ladrillo
via -susurró-. Deb
s. Es implacable, y si hay alguien que pueda
su frente con
uiera ayuda
es hasta i
en el aire mientras Saman
el cansancio y la tristeza sobre sus hombro
í. No podía permitir
una nueva determinación comenz
lo que fuera necesario para que la ayudara. Inclu
dolor. Samantha presionó la frente contra el vidrio frío de la ventana, tratando
es en su pecho, un revoltijo de ira, desesperanza y algo qu
mpromiso con otra mujer. Y ella... ella se estaba hundiendo
a queda
ntana. Con pasos tambaleantes, se dirige al
tro pálido, su cabello enmarañado caía en mechones caóticos, y sus labios estaban seco
a sobre sus manos antes de llevársela al rostro. Sintió el f