gn
una maldi
na contradicción que captó mi atención más tiempo del debido. Estaba hecha un desastre: manchada de barro, su tosco manto de cuero apenas se sostenía, salpic
do, en un sentid
Mi manada me observaba desde atrás, silenciosos centinelas en sus formas de lobo, con los ojos brillantes fijos en
s bra
desaparecido hacía tiempo, dejando solo el silencioso murmullo del bosq
glaterra solía abandonar aquí como carne podrida. Ni
una mujer
da. Tenían políticas estrictas, órdenes férreas para contener a los infectados y asegurar que su «problema» se mantuviera lejos de su paraíso
una rareza extraordin
dábamos. El virus que nos transformó nos había robado algo más que nuestra humanidad; nos había arrebatado el futuro de
abíamos perdido la esperanza: una mujer humana, inta
firme y familiar. No necesité girarme para saber que mi primo caminaba detrás de m
Una para la que
lla. Era el alma de nuestra pequeña manada, siempre el primero en encontrarle humanidad a cualquier situación, incluso cuando noso
e en voz alta, con
eció de nuevo y a
-espetó ella, con un fuego e
a
la comisura de mi boca se c
uchacha -
a haber cuajado la leche.
ndo todo. Crucé los brazos, manteniendo el bastón inclin
ntemente-,
é que me daría una bofetada. No fue buena idea, dad
uedes tenerme. No lo permitir
o en mi mente. «Es un lastre, Magnus. Si no sabe
e en ocultar mi irritación-. Contra animales salvajes, nada meno
rte-, dij
Pero q
a percibir su aroma y
ndo el caos amenazaba con separarnos. Pero la primera vez que su aroma me llegó, f
promesa. Y no era solo el dulce aroma de su miedo, ni el fuego de su calor. Era la forma en q
hab
lea con los salvajes. Mi loba había estado paseando bajo la superficie, inquieta y aler
día oír el sonido de su respiración, rápida y superficial, y el latido de mi propi
añer
a través de mí, sua
ligeramente apartado de los demás. Era el más callado del grupo, pero se manten
de la mañana. Su voz se deslizó en mi mente, tan fría y calculadora como él mismo. «Es
De alguna manera, lo dudaba. Inglaterra no cometía errores
se averigu
sibilidades contra ellos. Casi podía ver sus pensamientos dando vueltas t
dome un paso más
preguntó ella, fi
ha, no llegarás muy lejos. Y no disfru
uevo. -Sea lo que sea, no quiero saber nada d
ue pasará si te vas. Esos animales salvajes
entre mí y los lobos que estaban d
me importaba? Una parte de mí se sentía atra
bía p
la es tu
, apretando los puños, pero no se echó atrás. La
lugar donde los humanos no sobreviven. Su mirada regres
la voz a un susurro. -Oh
ndo rápidamente, su fuego luchando contra e
n voz vacilante en mi me
do comprenderla. Era desafiante, testaruda, y despre
ños apretados a los costados. La vi calculando, sopesando
ené con calma p
mirada se dirigió a los lobos detrás de mí -Tobias, Callum, Thorne y Killian-, todo
ada, sus preguntas no formuladas presionando los límit
nalmente, ahora