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Historia
LA HUMANA VIRGEN: RECLAMADA POR LA MANADA

LA HUMANA VIRGEN: RECLAMADA POR LA MANADA

Autor: LaReina
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Capítulo 1 EL ATAQUE

Palabras:1391    |    Actualizado en: 03/04/2025

a

on el sonido

te, creí que seguía soñando -por favor, que siguiera soñando-, pero no. El fuego se había reducido a

ntos y silenciosos. Mi corazón latía tan fuerte que est

ces l

s o siete de ellos, acec

en la suave luz de la mañana. Sus movimientos eran bruscos, antinaturales, como si apenas pudieran mantenerse en pie. Algunos er

s. Hay más

el aire, girando la cabeza hacia mi hueco. M

abían capta

y ojos como brasas- dejó escapar un aullido escalofriante. L

go at

cia el hueco. Las raíces del árbol me proporcionaban algo de protecci

Kally.

s garras. Me abalancé hacia adelante, asestando un tajo con mi cuchillo. La

na, pero sus dientes no me tocaron la piel por apenas centímetros. Vo

e, aferrada al cuchillo mientras la manada me rodeaba. Sus gruñidos llenaban

realmen

ganta. La sangre salpicó, y el lobo se desplomó en el suelo, retorciéndose, pero aú

paraba para saltar. Retrocedí, respirando entrecortadamente.

rar esto. Mi panorama era

ellos. No pude pele

a a m

, apuñalándolo hacia arriba con el cuchillo. La hoja se hund

staba d

as definitivamente

i espalda chocó contra un árbol y me apreté contra él,

enorme cuerpo se p

onces

po se r

para protegerme la cara. Mi grito, crudo y

te era el moment

pe mortal n

erribándolo con un estruendo atronador. El lobo negro cayó al suelo, gruñendo y agitánd

con su pelaje reluciente como la nieve bajo la tenue luz de la mañana. Se dirigió directo hacia uno de l

arecieron

determinación, con fuerza y ​​gracia. Su pelaje brillaba en tonos plateados, blancos, grises oscuros, grises negruzcos y rojizos; sus ojos, s

os haciéndolo. Uno distrajo a un cambiaformas mientras otro se lanzaba a

fue más rápido. Se agachó ante el ataque, apretando con sus enormes fauces el cuello del lobo negr

en el sitio. El bosque rebosaba de ruidos de batalla: gru

dientes en la garganta de la criatura. No se detuvo a saborear la

n cao

ni por qué me ayudaban, pero no ib

elta y salí

de la pelea se desvanecía tras de mí. La adrenalina me impulsaba ha

or

bajas y saltando sobre troncos caídos. Los árboles empezaron a

estrecho arroyo corría por el centro, con aguas cristalinas y brillantes. Su

r un par de

llas. Al llegar abajo, me desplomé de rodillas junto al arroyo, con el

nto me perm

l torrente del arroyo. Me temblaban las ma

cinco lobos enormes y hermosos. No eran como los cambiaformas con los que había luch

para pensarlo. Necesi

Miré hacia atrás, ladera arriba, casi espe

osque est

ra, est

raba, pero de algo estaba segura: no podía deten

eso aún fu

aba otr

d, desesperada por encontrar algo útil. Y entonces vi una ram

pero, pero era grueso y sólido, y tenía u

de una po

probando su peso en las manos. Era más lig

ído para captar cualquier sonido. Seguía sin confiar en el silenci

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