s, el dolor lo embargaba y la preocupación por lo que le e
abrás donde encontrarme y en cualquier momento -intentó bromear Viridiana, sintiendo que las lágrimas comenzaban a correr
e esta situación y que muy pronto regresarás a la casa... para que todo vuelva a ser como siemp
date mucho, no te preocupe
r, pagando lo que le pidieron, con tal de que su hija estuviera cómoda mientras esperab
a anidado en su mente, la de que tal vez pasarían muchos años
había cometido homicidio agravado, por lo que no tendría derecho a fianza, aunque su padre pen
hillo, y no había sino mensajes suyos hacia Estela, entonces todo es
la cárcel antes de volver a cas
or dos policías que la subieron a una camioneta y se pusieron en
sabia, tal y como ocurrió, que los reporteros estarían esperando su traslado y le tomarían muchas f
mente pensaba en la situación. La plática que tuviera con Germá
ntrario, le habló con ternura y cariño, además, trató de que se sint
fuerte para salir delante de ese momento que ahora vivía, có
bien fueron órdenes directas y pudo ver que él también estaba triste, angustiado, con toda
a abusado de su cariño, de su ternura y de su nobleza, no obstante, no tuvo ni una pala
specializada, los policías la bajaron de la camioneta y custodiándola por ambos flancos la llevaron
s para que se integrara la averiguación previa correspondiente y se le dieran parte al Juez de I
to de gritar que no la encerraran, que no quería estar ahí, que ese no era su lugar y que cometían una injusticia, aunque s
pelos se le pusieron de punta al sonido de aquel chillido metálico, y nunca supo cómo fue capa
a ese encierro, fue el estallido metálico y espantoso que
ndo era real, el fuerte sonido se escuchó con eco por varios segundos como asegurándole a la detenida que no podría salir
e ancho por 5 metros de largo, paredes deprimentes de color opaco, descarapeladas y con grafit
que no había ni un catre, ni algo en donde pudiera sentarse, al fondo de la celda, sólo había una e
no, hasta que, al final, se cansó y terminó por sentarse en el suelo recargada en la pared,
a estudiar, para platicar o para pasar el tiempo, los demás universitarios, pasaban al lado de ello
e las jardineras, o ir a la cafetería del campus, o buscar un sitio donde pudieran estar cómod
o como lamento, al abrirse de nueva cuenta, con sus rechinidos, con esos sonidos agudos y mol
de sobrepeso sin llegar a ser obesa, su cara redonda de cachetes llenos y tersos, era coqueta y simp
en la parte posterior, justo sobre cada nalga, se veían los n
moso ratón al frente, algo que a la Montero, le parecía real
hacía verse más juvenil. Para Viridiana no era sino una vulgar delincuente con la que ahora tenía qu
uelo a un metro de ella, como si no existiera, como si todo el lu
blemas, ambas con las piernas recogidas, los brazos sobre las rodillas y la frente sobre los
a la reunión, y fue justo al momento de ingresar a la recámara a donde la había llevado Estela
, al tiempo que encaraba a Estela, la hermosa pelirroja que a un
ue no eres sino una pobre estúpida, arrogante y egoísta que crees que el mundo gira a tu capric
contrastaba de manera sublime, con lo sonrosado de su piel, resaltando su escultural cue
a, 60 kilos de peso, no obstante, poseía un cuerpo bien ejercitado y
ue, además, la hacía verse más mujer, más atractiva, más seductora, siempre había tenido por p
, llevaba el elegante vestido de noche, que había comprado para la ocasión, y que se ajustaba perfectamente a su silueta, a s
abundante cabellera, sedosa y brillante, de piel sonrosada, su cu
elleza estética, elegante que, rayaba en la perfección, en ese momen
palabras hirientes y agresivas de la pelirroja- Yo no lo veo y pienso que, como todo en tu v
podemos aceptar como espectadora porque como mujer le das asco, lo mismo que a mí -insistió E