que todos los asistentes al lugar, dejaran lo que estaban haciendo para voltear a verse confundidos, un segun
uella reunión, corrieron hacia las escaleras y subieron e
a abrir las puertas, que se encontraban a su paso, en medio
garganta al momento de ingresar a la recámara y ver el cuerpo, medio desnudo y sangrante d
erpo, vestido, de la conocidísima Viridiana Montero, y
aquella dantesca escena, la mayoría se mostraban sorprendidos, otros estaban aterrados y las
hasta la cama y con su mano derecha le buscó el pulso en el cuell
voz se escuchó sepu
to al cuerpo de Viridiana, y
llamen a una ambulancia y a la policía... y sálganse del cuart
forma mecánica, todos caminaron hacia atrás, dando vari
, Contreras, se levantó y se paró junto a la puerta para proteger el lugar, resguardand
edimientos policiales para preservar la escena de un crimen, así que lo que Contreras
y oído en las últimas horas, sacando sus propias conclusiones sobre lo sucedido en esa rec
e escena y sabían de lo que eran capaces de hacer cuando se proponían algo, de ahí que no l
er arrebatado y violento de Viridiana, la había llevado a jalar del gatillo para matar a Est
do por la impresión de lo que acababa de hacer, de una o de otra manera, las cosas estab
ancia que la trasladaba al hospital a toda velocidad y con la sirena abierta mientras los pa
nistraba suero en la vena, además, tenía una mascarilla de oxígeno en nariz y boca, su mente no
inutos antes, gritó con desesperación al tiempo que su mano izquierda se elevó para quitars
s con determinación, impidiendo que lograra lo que intentab
... está usted a salvo...
a tantas preguntas por hacer, sólo que, al querer hablar
arado en un arranque de coraje, motivada por la ira, esperaba que todo estuviera bien y q
namente consciente, ahora sabía que tenía que calmarse y esperar la oportunidad para que le diera
sta la sala de urgencias, el médico comenzó a hacerle una r
uerpo, ni motivo para alarmarse, dejó pasar a la investigadora foren
se encontraba ahí, la agente de la policía judicial le entreg
o a su compañera y amiga de un balazo. Aún se sentía ebria, y tenía ganas de gritar, de ll
ie de fotografías, a la hija del CEO, tomó impresiones de su rostro, y de algunas partes de su
rastros de pólvora en sus manos, así como también sabía que
restablecía un poco, y un policía de uniforme se encarg
la respondió a todas con completa coherencia y sin titubeos, por lo
ado, sólo se había desmayado por alguna causa desconoc
a de acuerdo a la ley -le dijo el médico con tono profesional- con toda seguridad, de in
on Estela? -preguntó casi susur
l galeno confundido y
staba conmigo en la recámara...
llegar al lugar de los hechos. Un balazo en el pecho que fue
cuando le pidió su ropa, en un primer momento no le había creído ya que pensaba que era
hecho en un arranque de ira, coraje y frustración, ese maldito temperamento suyo que no podía controlar y que la impulsaba a
y Viridiana, se dejó caer de manera pesada sobre la cama, s
ntre la cruda física y la cruda moral, se sentía abatida, sin g
erecía morir y mucho menos a sus 27 años de edad, cuando la vida tenía todo por brindarle y
to reflejo motivado por el rencor y el coraje que le provocaran las palabras y las acciones de la qu
cabeza, rostros y situaciones que se agolpaban con tal fuerza que, tuvo que hacer un esfuer
iendo a gritos, en el pasillo de las oficinas de la constructora para la que trabajab
soy de las que andan con amenazas tontas, déjate de esos jueg
e Javier y yo nos amamos, y tú nos estorbas para ser felices, así que, porque no aceptas de una buena vez que él ya no quiere n
la golpeó con tal fuerza que sus uñas rasgaron la delicada piel de la pelirroja, provocando que unas gotitas de sangre
si eres una ofrecida, una buscona, una perra... -sentenció Viridiana, furiosa por completo, al tiempo que empujaba a Estela, por el