os por los que le había quitado la vida al periodista Antonio Menéndez, la cual
resante caso que para muchos resultó difícil
se trata de sus hijos, sólo que, cuando resulta todo lo contrario a estos estereotipos, hay un impacto terrible
Caretas, para hacer una nota de las que venían en el boletín oficial de la Procuraduría, lo normal cuando no hay nada q
ante, busqué con la mirada y descubrí a Orteguita q
actuaba, no dude y fui a su busca, me hizo en
.. los patrulleros que pidieron el apoyo de una ambulancia, no la han repor
y se lo entregué, sabía que é
te debo una... -le di
pendiente... ojalá y sea una buena nota, para que
algunos años, era conocido como el hospital de la Cruz V
da localicé a unos patrulleros que llenaban u
, reportero del diario Sin Caretas... espero que me pu
ta burla y uno de
reportado a nadie
ndo a los médicos por la mujer que fue asaltada y v
ue fue asalta
tedes no repor
on con franqu
n... un grupo de viciosos de aquella peligrosa colonia, fue precisamente ella la que nos detuvo con su carro, en la avenida Fray Servando Ter
s están atendiendo para revisar que no traigan lesiones graves, o cualquier otra cosa que
caseta telefónica y llamé a la redacción para dar la noticia, al no haber mater
noticia no sólo era impactante, sino que además resultaba i
de la Procuraduría ingresaron al nosocomio, los vi hablar con un mé
s niños? -les pregunté sorpresivamente, al
vieron sabiendo que ya ten
arecer se encuentra en estado delicado y están e
llegaron muertos o murieron al llegar... también los drogaron esos des
quiero atraparlos y darles una golpiza que los mande al hospital, para que p
s publicar -me d
e se les apliqué eso de ojo por ojo y diente por diente, aunque ni así aprenden -le
días, haciendo indagatorias, buscando respuestas y lo principal, saber
uen ustedes mismos lo que pude recabar e informar por
ral que la envuelve transmitiéndola a su paso. El día de los hechos, llegó como era su costumbre, a recoger a sus dos hijos: Enis, de 3 años y a Ernesto, de 1 y mes
y se puso en marcha, tal y como cotidianamente lo hacía, sin prisas ni mo
estaba desconectada del mundo, nadie podía saber lo que pasaba por su inquiet
le preguntaba con su alegre y cantarina vocecita infantil, Liz, como la llamaban todos, llevaba la mirada dura y el pulso acelera
ocieron en el restaurant al que ella acostumbraba a ir a comer, ambos trabajaban cerca del lugar y por lo mismo se habían v
sentía, ya que le emocionaba tener de cerca
muchas cosas por ofrecerle, tal vez su felicidad estaba en otro lado y no en los brazos del hombre que la había desposado cuatro años antes y que le ha
plática, su presencia, sus ocurrencias y los frecuentes halagos que vertía sobre d
eír y disfrutar cada minuto que estaba a su lado pro
nvitaciones por parte de Ramiro, para verse después del trabajo, sa
arido, no, tampoco porque no deseara vivir una aventura en los braz
nvencerla, que la hiciera sentir joven y hermosa, seductora, cautivadora, como se hab
ba, con sus 25 años, uno sesenta de estatura y un cuerpo excitante y sensual que, si bien no tenía l
mo amante y disfrutar sin compromisos. Sobre todo, porque era casada y eso le evi
ientes de las mujeres, cuando no están con el marido, son más liberale
hasta que la muerte los separe, algo que él no tenía en mente bajo ninguna circunstancia, se sabía joven y a
isten a dar el paso definitivo hacia la infidelidad son las que con más pasión se entregan una vez que se deciden, por eso tenía que insistir, esa mujer l
quiera intentó abrazarla y mucho menos besarla, la hizo sentir como pocas veces se sintió a lo largo de su vida, por fin había encontrado a un hombre que la resp
carro, suave, tierno, dulce, mismo que se intensi
no hubiera más preámbulos, los dos sabían que se deseaban y querían disfruta
te y comenzó a conducir
nfilaba hacia la entrada de un hotel de paso, sintió una