con fuerza, como si aquella fuera la señal que esperaba, Unkcas, se lanzó so
cho, llevaba el cuchillo en la mano y arremetía cont
o de caderas y de cuerpo pudo eludir a su atacante que se fue sin haberlo a
ahora los dos quedaron frente a frente a corta distancia, mientras de movían de un lado a otro
raba alcanzarlo, fue en uno de esos movimientos en los que ambos se trenzaron, la mano izquierda de Unkas sujetaba la mano derecha de Kenay, para imp
n atreverse a elegir a un ganador, si bien era cierto que, Unkas, se veía más fuerte
ue sin que el otro se lo esperara, se dejó caer de espaldas al piso, al tiempo que levantaba su pierna derecha y la cla
sus pulmones, mientras su cuerpo se estremecía de dolor, no obstante, su orgullo y su coraje eran superiores
pronto, Unkas, hizo algo que Kenay, no se esperaba, se cambió el cuchillo de mano, aventándolo
ay, al que había tomado por sorpresa, el dolor fue intenso, pero no lo suficiente como para que el joven e
a mano mientras veía fijamente a su rival, quien hacia esfuerzos d
va y la filosa hoja se clavó en el costado derecho de Kenay, quién
ntrincante, pese a su extremo control, dos lagrimas rodaron por sus hermosas mejillas, mientras los veía seguir danzando, frente a fre
aba, no iba a durar mucho, así que sin que Unkas, se lo esperara, en uno de los movimientos que hacía con su
o derecho de su contrincante, el dolor que el guerrero despechado sintió, lo hizo gemir como fiera herida, estiró su mano derecha y sujetó la cabez
e de él tirándole dos potentes puñetazos, con su mano derecha lo golpeó en el rostro, reventándole la boca
del cuello con ambas manos y comenzó a ahorcarlo, tenía que acabar con él, debí
s lo había derrotado, también era su rival en amores y eso ya no podía perdonárselo, así que, si termi
no pudo hacerlo ya que la fuerza de Unkas, era superior a la suya, así que le tiró un par de golpes a las costillas, aunque
n el vientre de su agresor, nuevamente, el cuerpo de Unkas, salió proyectado por el aire y azotó
esperadamente por la boca, estaba listo para recibirlo, ahora era cuando podía acabar con él, se veía ag
atando de recuperar el aire perdido en la brutal caída, Unkas, se acerc
dió al tiempo que clavaba, con todas sus fuerzas, su puño izquierdo en el hígado del frustrado guerrero, el cual acusó d
on ambas manos, golpeó a su contrincante en el rostro con el resto
olpes, y aunque lo intentaba no podía moverse, su cuerpo estaba paralizado p
sta alcanzarle la mandíbula de una manera demoledora, la cabeza de Unkas botó hacia atrás y
r su cuchillo del suelo y con pasos lentos y cansados, fue hasta donde Unkas, permanecía tirado de espaldas, se montó sobre su estómag
vitar que Unkas, muriera en ese momento, Aiyana, aún dentro de la alegría que le producía ver a s
se resignaba a emprender el viaje hacia sus antepasados, no había temor, ni miedo en sus facciones, sólo resignación y derrota, a
ver que el cuchillo se había clavado en el polvo, a un lado del cuello de Un
agarró del antebrazo de su contrincante y aprovechó el jalón que le daba para poner
el jefe brujo sujetaba a Unkas, para conducirlo al interior de su tipi, se abrazó a Kenay, con todo el amor que sentía
día de hoy... -le dijo ella amorosa- pen
ar que nadie más te tuviera, ni muerto lo hubi
nfesó ella- no quería que él muriera por sus
lo hice, no era necesario acabar con él... la vida de un guerrero
hacer y con la honestidad que les daba la amistad que se tenían, le confesaron abiertamente que, no esperaban que pudiera
punto de agachar la cabeza y marcharse a su tipi, pero se detuvo y sin que nad
uego se separaron y Unkas, caminó hacia su tipi, sin voltear a ver a
efe brujo, había salido por él y lo conducía al
ció a la puerta del tipi, para esperar a su enamorado, ahora más que nunca se sentía la mujer más orgul
el interior del tipi, aquello que habían presenciado era una prueba indiscutible