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Historia

Capítulo 3 Un caso más... o algo más.

Palabras:1441    |    Actualizado en: 10/03/2025

dejó marcada de una manera que no podía explicar del todo. No era solo la forma en que él la observaba, que de por sí era como si pudiera ver más allá de lo evidente, como si pudier

posición en el mundo, algo tan definitivo que nadie más parecía poseer. Ese

mostrar sus cartas? Endrys había visto a muchos criminales arrogantes, a hombres desesperados y a otros que fingían un temple que no poseían. Pero Vital

ue había alguno, que ardía detrás de esa máscara de piedra. No era simple curiosidad. Era una necesidad casi estra

d de su propia mente. Porque, sea cual fuera la elección, tendría la espada de Damocles suspendida sobre su cab

a. No era un caso sencillo, ni mucho menos seguro, pero tampoco era imposible. Para alguien más, representar a un hombre como él significaba jugar con fuego. Para Endrys, signi

uardando algo. Su oficina, ubicada en lo alto de un rascacielos en Manhattan, le daba una vista completa de la ciudad, un mar de luces que parec

el número que le habían dado. El teléfono sonó solo una vez antes de

var

caso -dijo,

tro lado de la línea, seguido

al infiern

vertencias veladas. Sin embargo, cuando se puso de pie para recoger sus cosas e ir a su departamento, una extraña sensación

re, a quien tenía abandonada. Lo hizo cerca del mediodía, cuando ella se disponía

abías olvidado

sumía, la absorbía por completo, alejándola de todo lo demás. A veces, incluso de su vida personal. Pero, ¿cómo podía esperar tener una vida normal en un mundo como el su

Prometo ir esta semana a cenar con uste

aba fallando en alguna área importante. Y si bien en su trabajo todo iba como lo había proye

ro ya que lo hiciste, estás advertida. Debes venir, y ni se te ocurra fallarle. Erlenis tiene toda

iré a mi secretaria que le compre un regalo inmenso

la llamada. Fue en ese momento cuando Ana, su ama de llave

l jueves está de cumpleaños, y si se me olvida, ya sabes lo qu

e, recibió una notificación en su teléfono. No era el típico encuentro con clientes millonarios en sus oficinas de vidrio y cuero de primera.

mullo de las conversaciones. Un hombre corpulento, con cicatrices en los nudillos y una mirada que evaluaba cada movimiento que hacía

ente la cabeza-. El jefe quería que tuviera acceso a

s, evaluando al hombre con la misma desconfia

-preguntó, cortan

pero sus ojos pe

e puede sacarlo de esto. Y porque, aunqu

as interceptadas, documentos que no deberían existir en ningún expediente oficial. Y entre todo eso, una imagen en particular la hizo detener

Cerró la carpeta co

no mostró el torbelli

es más personal de lo que

etud la dominara. Esto no cambiaba nada. O eso quería creer. M

trabajo. Pero si intenta man

mente, como si supi

veremos,

go más en el pecho: la sensación de que acababa de entrar en un laber

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