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Historia

Capítulo 4 Juego de sombras

Palabras:1943    |    Actualizado en: 10/03/2025

dificio gris y miserable era solo un campo de entrenamiento, un lugar en el que las reglas del mundo exterior ya no aplicaban. Allí, donde l

porque, como siempre había dicho, la verdadera prisión no era e

tanal, pequeño y lleno de barrotes, daba a un patio polvoriento, pero la visión de las aves que volaban más allá era suficiente para mantener su pensamiento

a lo reconocía antes incluso de que cruzara la puerta. Marcos, su mano derecha desde que todo había comenzado, era un hombre cuya presencia podía paralizar a cualquiera sin necesidad de levantar un dedo. Su figura alta y robusta era la primera adver

superficial. En su rostro, duro como una roca, no había espacio para las emociones superficiales, solo para una frialdad calculada que podía resultar casi aterradora. El contorno de su mandíbula era fuerte, como el de un guerrero, y su piel morena, curtida por el sol de muchas tierra

mucho más que eso. Lo veía como un león guardián: una extensión de su voluntad en el mundo físico, una fuerza bruta que no solo ejecutaba las órdenes, sino que las sentía y las vivía como si fueran suyas. Había algo primitivo en Marcos, algo que h

e mantenía a través de palabras vacías. Lo que ellos compartían era una comprensión tácita de la vida y de la muerte, un pacto no dicho entre dos hombres que sabían que, en su mundo, no había lugar para los

o competidores y corrompido autoridades. No había quien pudiera enfrentarse a ellos, no porque fueran invulnerables, sino porque, a diferencia de otros, siempre jugaban con una ventaja: conocían el juego m

da, en la manera en que su rostro se endurecía ante la tensión, lo que para otros era un simple instinto primitivo. Para O

el tablero de ajedrez que tenía frente a él, las piezas

pesara las opciones y luego caminó hacia el banco de madera donde

nte Omar, su voz era profunda y calculada, como siempre. N

risa baja, cruel. Sabía que la conversación de

aciendo el trabajo sucio. No era algo que Omar necesitara pedirle, lo hacía por su propia naturaleza-. Se mostró dura. Arrogante, incluso. Pero la vi. Puedo decir que

La incomodidad de Marcos en cuanto a la situación le era evidente, y eso lo divertía. Marcos nu

nte a su hombre, con esos ojos azules que siemp

los dientes y

nsara que era una jugada más, algo que podía controlar. Pero luego, cuando vio las fotos de tu padre, se le congeló el rostro. En ese momento, hubo algo en su mi

o. Se recostó en su silla de metal, s

ero ahora veía una grieta. Y eso le daba poder. Conociendo su naturaleza, él sabía que Endrys no permitiría que esa vul

n una de las piezas de ajedrez, moviéndola de un lado a otro como s

jefe con una mezcla de respeto y al

do que pudiera intimidarla. Pero, esa mirada... No me convence. Creo que lo que tiene es arrogancia, pero no es

con un gesto, como si ya hubiera hech

gancia es solo una fachada. Y la mejor parte es que no tiene ni idea de lo que está por venir. -Lo dijo

omo una simple estrategia para conseguir que Endrys tomara su caso ahora se había convertido en algo mucho más

culado-. Pero también, necesitamos saber qué está tramando. Si cree que porque estoy aquí,

bién una pizca de cautela. Sabía lo que su jefe era capaz de hace

Ella es astuta, pero no está preparada para la clase de juego q

dador que acaba de hallar su presa. Los ojos azules de Omar bri

co, dio un paso hacia Marcos, y su voz bajó a un susurro cargado de amenaza-. Si se va a convertir en mi

, la comprensión cruzó s

sto? ¿El enemigo? -pre

ya estaba en marcha, moviendo piezas con la misma destreza que alguien jugando aje

ue mi influencia se ha desvanecido. Pero, Marcos... eso es precisamente lo que ellos no entie

rostro. No había dudas: Omar Vitale nunca había perdido el con

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