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Historia
En los brazos de la bestia

En los brazos de la bestia

Autor: IrlyWriter
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Capítulo 1 Prologo

Palabras:1600    |    Actualizado en: 10/03/2025

No. La primera vez que sus caminos se cruzaron fue en el una sala gris y sombría de una prisión de máxima seguridad, donde el eco de los pasos res

ente, como el sol que nunca se dejaba ver a través de las rejas. La luz era escasa, y la humedad, constante. Sin embargo, para Endrys, era solo otra

preparado para conocer a

su visita. Aquel hombre, conocido en el bajo mundo y en las altas esferas por igual, estaba recluido en una prisión de máxima seguridad acusado de un crímen que pesaba más de los que muchos aseguraban tenía en su

uardia la condujo a través de un pasillo oscuro, las luces parpadeaban levemente y las sombras parecían moverse por sí mismas. Endrys mantuvo la m

ugar solo paredes había a su alrededor. Apenas un par de sillas enfrentadas, una mesa metálica entre ellas. Estaba allí, sentado en una silla, con la mirada fija en ella. Omar Vitale

imponente, inc

imularlo. Su rostro, afilado como un cuchillo, estaba tan imperturbable como el entorno en el que

onó en la habitación, pese a ser casi

, controlada, casi un susurro que se sentía

oso. Había escuchado los rumores, las historias susurradas entre abogados y fiscales. Un hombre que se había ganado el

le -le resp

más cómoda, y eso lo divertía. No dijo nada más. Simplemente la observ

era vez que se encontraba con un hombre intimidante, pero había algo en la presencia de Vitale que no podía ignorar.

n la esperanza de firmar un contrato más oneroso que el primero que había firm

ca de la ciudad. Todo en ese ambiente reflejaba poder, precisión... peligro. Un hombre

o si la formalidad fuera un juego del que él decidía cuándo participar. Sus dedos largos y firmes sostenían un vaso de whisky. Cuando sus ojos gr

asi una advertencia disfrazada de cortesía-, qué gusto

nzó a martillar en sus sienes al acercarse a su escritorio y extender la mano. Quizá fue el modo en que esos

ó. Fue un contacto breve, insignificante en cualquier otra circunstancia.

capar de alguien

d de su mirada. Un escalofrío recorrió su espalda, pero se obligó a mantener la compostura. No era una mujer fáci

e no era un cli

de los suyos-. Probablemente, me ve como un monstruo. Un hombre capaz de to

istoria, esa misma actitud, de tantos criminales en su carrera. Siempre era lo mismo: un hombre que se presentaba como víct

lmente, decidida a cortar la conversación antes

justo donde ella estaba. El gesto, aunque simple, le transmitió un mensaje claro: el poder que él tenía sobre ella no se limitaba a este

prete, señorita Navarro. No estoy buscando un abogado común. Estoy buscando a alg

ladora, ya había comenzado a analizar cada palabra, cada movimiento, cada gesto. Lo que acababa de

cruce líneas, señor Vita

en su asiento,

llena de una certeza que la des

se mencionaba su nombre en informes policiales que nunca llegaban a ninguna parte. Se le acusaba de muchas cos

dispuesta a llegar para ganar? -preguntó con

rategias, probabilidades, costos. Pero él no. Con esa simple pregunta

nto, su destin

entía el peso de su

nte, su teléfono vibró sobre la mesa. Un mens

ale. Una vez que entras e

departamento, sintiendo por primera vez que la

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