o al sofá y casi se abalanzó ella misma sobre él. Tan solo ver las cajas aun emba
para encargarse de desempacar todo lo que había traído con ella. Solo a el
a la cocina y se alistó para empezar a cocinar. Se detuvo, extrañada, al momento de sacar una olla. El familiar maullido de su pequeña gata no se escuchaba por ningún lado. Lulú solía desp
olla a un lado-. Pst, ps
ió su departamento abriendo y cerrando puertas llamando una y otra vez a su gata, pero el sil
speranza de encontrar allí a Lulú. Quizás ella se había salido sin que se diera cuen
ó un maullido apenas audible. No pudo detectar de donde venía el ruido. La llamó una vez más y guardó silencio. Afi
departamento. En todo el tiempo que llevaba allí, nunca había visto a nadie entrar o salir
en un rat
e le ocurría a donde podía haber ido. Esperó por un par de minutos antes de comenza
s útiles e interesantes dentro. Mia era alguien demasiado curiosa, nunca estaba tranquila y siempre esta
todo estaba en orden y limpio. Pero como la mayoría de edificios que tenía una historia, conservaba muchas cosas de su estilo
parecido. Resignada y, por que no admitirlo, un poco emocionada también, volvió hasta su piso. Solo había dos departament
Solo entraré y saldré -se dijo. Su gati
cerradura, era más difícil que abrir las puertas de las habitaciones de su casa, pero el esfuerzo valió la pena cuando un
rse con nada. Estaba dentro. Solo tenía que encontrar a Lulú y sacarla de allí para considera
n su mente empezó a tararear la canción de "Misi
cuchó su maullido, pero siguió sin verla. Era como jugar a las escondidas y le habría parecido divertido si
de café de madera en medio de ellos. Una televisión plasma estaba colocada en una de las paredes y algunos otros muebles est
ugar, aunque no estoy segura que mi sueldo hubie
allí. Una mesa alta, con un jarrón de horrible diseño encima, estaba ubicado pegado a la pared a un lado del pasadizo que llevaba a los dormitorios. Se inclinó, por segu
la cabeza al mismo tiempo que otr
en la habitación y su corazón comenzó a latir acelerado. Ya no estaba tan emocionada. Sin perder el tiempo, se p
su costado acarici
conservar la calma-. Además, le hicimos un gran favor al futur
ar los restos; el tacho de basura, si es que había uno, no parecía la mejor opción. Llegó hasta la cocina y siguió dando vueltas. Abrió las gavetas
tió los restos detrás de él, la luz no era suficiente para
conserje volviera -dijo imitando la voz de su mamá
xcepción del jarrón roto, todo estaba bien. N
odó en uno de sus brazos. Ella se acomodó contra su pecho sin ninguna preocupa
reció frente a ella. Su primer pensamiento fue que se trataba de un ladrón, pero luego
artamento estaba vacío, había sido un