Martí, trataba de concentrarse en aquellos escritos que debía presentar al juzgado, les dab
era, Germán Domínguez, entró y cerró la puerta tras de sí, se veía más varonil y gu
e manera urgente -le dijo
emás debo revisar la apelación que vamos a presentar, así
a la situación como es -dijo él con un tono de voz contundente
poniéndose de pie y saliendo de su escritorio- siempre h
gas el derecho a que habl
volver a lo mismo... n
cintura y la jaló hacia él para besarla con toda ese
tamente qué hacer, hasta que de pronto comenzó a corresponderl
ar sus perfectas formas, ella también intentó quitarle la ropa, amaba a ese hombre y
co, ella lo abrazó con sus torneadas piernas, al tiempo que, con un manotazo, Wendy, despejó
lla, para comenzar a besar su cuello, sus hombros, sus mejillas, con una dulzura que hizo que la piel de Wendy, s
bor de aquellos senos deliciosos, firmes, tersos, suaves, incitantes, paladeando cada uno
o al otro, disfrutando con un profundo deleite y arrancándole gemidos de pasión a la abogada,
ía aquellas sabias caricias y se dejaba hacer recostada e
iera, y por eso le acarició la cabeza para motivarlo e in
mbligo y le aplicó ese intenso tratamiento, mientras que el vestido caía al suelo y
io preciso que buscaba, y su lengua se abría paso hacia la fuente de placer que lo espera
omo si buscara alguna imperfección en aquella tersa piel, para ese momento, Viridiana, ya era un volcán a punto de hacer
eso, no se detuvo un solo momento y con su anhelante boca y su inquieta lengua, comenzó a reco
él, para presionarlo más contra su cuerpo, contra ese punto en el que sentía la lengua y los
un fuego que había subido desde su intimidad, pasando por su vientre, siguiendo por su pecho, recorriendo por su garganta
oporcionó un deleite que jamás soñó, duró algunos minutos y él siguió en su labor, mie
lcán esperando el momento propicio para hacer erupción, disfrutaba de manera intensa
de el fondo de su ser que quería salir a la luz, manifestarse y convertirla en toda un